Patricia

Apuntes de un diario inexistente

Las tonadas de jazz en mi apartamento me dan un ritmo, una cadencia, del tiempo que yo busco ocupar y que tú luchas por recuperar, o quizás por ganar aunque me gusta creer que aún no se ha perdido.

Te tengo en tantos recuerdos alegres de mi infancia y juventud. Aquel día en el que íbamos en el carro a buscar a Lucía y Jimena en la guardería Cinteduc y yo estudiaba para un quiz de biología. Me decías “pero ahiji, relájate un poco, estudias después” y yo, en el carro, con dos niñas jugando, el tráfico, repetía las partes del oído medio. Recuerdo aquella vez que con mi tía Anne me hicieron un disfraz de flor y otro de jirafa, para el colegio. O cuando hacías collares de cerámica en la casa de la abuela y me dejabas ayudarte.

Pablo me recordó esta mañana de cuando nos llevabas al cine, antes de que los cines estuviesen en centros comerciales.

Recuerdo cuando me invitabas a quedarme a dormir en tu casa y me sentía grande, porque hablábamos de muchas cosas.

Recuerdo cuando compartiste embarazo con mi mamá, tu hermana mayor. Las dos hermanas que tuvieron dos niñas solo con dos semanas de diferencia. Al visitarte en la maternidad, le pegué un piojo a la recién nacida. Siempre contabas este cuento riéndote.

Recuerdo cuando me dijiste que para seguir con la tradición, yo sería la madrina de tu hijo así como mi madre era tu madrina y tú eras la mía. Yo solo tenia 16 años.

Me diste el ahijado más inteligente que pude haber pedido. Siempre decías que te sorprendía la buena elección que habían hecho tú y mi tío Gonzalo porque teníamos muchas cosas en común él y yo.

Recuerdo cuando nació Teresa, y nos asustaste mucho porque no fue fácil. Nos tocó cuidar a la bebé mientras tú te recuperabas.

Emigramos y nos distanciamos. Pero siempre que necesitabas hablar de mi ahijado, me escribías, y teníamos ese canal de comunicación abierto. Porque el amor siempre quedó inmutable. Recientemente habíamos retomado esa cercanía que la distancia nos había quitado.

Cuando mis orquídeas se enfermaron, me compartiste tus trucos y remedios.

Cada bromelia de mi casa son un homenaje a las tardes que pasabas con mi abuela ocupándote de la colección que poco a poco fueron haciendo. Ahora eres energía, y amor, mi Madri. Estarás aquí, conmigo, en cada flor y cada planta, porque son mi vínculo contigo.

A comienzos del año me decías que ya me visitarían cuando hayamos pasado todo esto. “Todo esto”, una pandemia. Una pandemia que se siente aún más cruel al tener que despedirte de lejos.

Me visitarán, y mi ahijado vendrá, y estarás siempre aquí, entre nosotros, entre el amor que te tenemos los que te decimos adiós hoy. Y brillarás, como las 4 estrellas con las que decoraste el sobre de la última carta que me escribiste.

[Empecé a escribir este texto cuando mi tía Patricia estaba en terapia intensiva, hoy nos dejó y a ella le dedico y agradezco por todos los momentos vividos.]

4 pensamientos en “Patricia

  1. Bello. Yo la recuerdo pequeña, -7 o 9 años, no sé- haciendo su tarea en la mesa de la cocina al lado de tu abuelo…las conversaciones entre ellos, no sé quién de los dos era el más consentido por el otro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s