Mots cachés

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Richard Kalvar, Paris, 1971.

 

I

La lune se cache entre les arbres nus, les branches la touchent en essayant de la traverser. Un touriste (ou peut-être pas) prend des photos avec un Rolleiflex. Il soutient son appareil photo avec la délicatesse de qui sait que dans ses mains est gardé le temps, de qui sait que dans cette machine, la vie s’arrête et continue seulement au moment où quelqu’un regarde les photos.

Le photographe est debout, il regarde tout, il attend. La photo se transforme en désir. Le moment est une invention et ses yeux en cherchent. Le touriste (ou peut-être pas) me regarde aussi, il n’a pas aperçu mes plumes noires. Il n’a pas vu que je suis prête pour le vol et que toute la ville est ma destination.

Je survole son instant. Je le laisse attendre la spontanéité créée. L’artifice. Le regard précis qui se pose sur les autres mais jamais sur moi. Personne ne veut se rencontrer dans le regard perdu de qui est toujours prête à s’évader.

 

 

 

Voz sin réplica (extractos)

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Trent Parke, Australia, 2001.

 

I

 

Ahí está él, hablando a lo que podría ser su sombra si la luz pegara perpendicular a su cuerpo. Palabras al aire sin más respuesta que el vaivén constante del metro y el chirrido de los rieles. No alcanzo a entender lo que dice. En mi indelicada tarea de observar, olvidando que otros ojos pueden interceptar los míos, lo veo. Me habla. Me dice que puedo extender mis pies debajo del asiento, respondo con un “gracias”. Me sonríe. Le sonrío. Por unos segundos su monólogo ha sido interrumpido. Por unos segundos, el mío también. ¿La diferencia? Las palabras me habitan sin necesidad de hacerlas sonido. Él, en cambio, es lo dicho y el solitario espacio de la voz sin réplica.

 

II

 

¿Puede realmente el otro saber qué decimos cuando las palabras son respuestas y no animus?
Cerrar los ojos. Aceptar que el día ha llegado al comienzo del siguiente y que no hay más minutos que gastar. Cerrar los ojos a sabiendas que la noche interna será agitada y que las formas querrán salir de la luna.

Tendida en la cama se sienten las horas muertas en los huesos, el crujir en cada pierna al ligero movimiento y la espera. Cerrar los ojos y cantar a lo oscuro pensando que, quizás no en esta noche pero sí en otra, habrá un cuerpo que me abrace.