Paradoja

Andalucía, España, 2011.

Andalucía, España, 2011.

No siempre el que toca una puerta es porque quiera entrar. A veces el sonido, el toc toc, se vuelve parte de nuestra sinfonía. A veces se vuelve necesaria la sensación de nudillos y madera, la espera ante el ojo inspector de pez. Y para el otro que escucha el golpe, el programar el camino desde donde está hasta el pomo de la puerta, eso, a veces, se convierte en vida.

No siempre el que toca una puerta es porque quiera entrar. Hay en la práctica una constancia casi terca, obtusa, una curiosidad gatuna de saber qué hay más allá. Para el que está en ese más allá,  para el que está dentro, abrir puede convertirse en una obligación. Todo menos abrir para cerrar. Porque cerrar una puerta puede significar abrir ventanas. Y las ventanas son fuga, infinito en la vista, conexión con lo intangible. Son, invitación al vuelo.

Somos la incesante añoranza de despegue pero la constante permanencia en lo concreto.

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