Dar

Luis Brito, Venezuela.

Luis Brito, Venezuela.

En este período de crisis es muy importante no encerrarse en uno mismo. Es necesario abrirse, tener detalles con los demás

Tuit del Papa Francisco I

A veces uno quiere dar todo, quiere abrir ventanas, quiere que el colibrí que hoy vuela alrededor de una palma se vaya a una flor a sabiendas que no lo volveremos a ver, porque en nuestro jardín no hay flores. Uno quiere encontrarse en los gestos, siempre, quiere que el dar sea sinónimo de recibir – pero no recibir de vuelta, sino más bien que el gesto halle manos abiertas. Pero no es así. No es una fórmula. Los gestos son para encontrarse en ellos pero también para perderse. Perderse en el detalle que damos al otro es casi lo mismo que perdernos en nosotros mismos. Es mantener un monólogo de expectativas. Es, a fin de cuentas, encierro.

Dar, a riesgo de abrir una fisura, un vórtice, un agujero negro. Dar, a riesgo de ser encontrado.

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Geometría de una cama

Erich Hartmann. Maine, USA, 1971

Erich Hartmann. Maine, USA, 1971

Esta cama expande las dimensiones del vacío que me rodea. La distancia de un extremo al otro es proporcional a la distancia que existe entre la ausencia y yo misma. La sábana tensada hasta más no poder evitando las arrugas, mientras el cuerpo se vuelve un algo enrollado en su propio eje. ¿El espacio que corresponde a un otro, quién dice que puede ser habitado por uno mismo? ¿Cómo conquistar la no presencia? Muro invisible que no sabe su altura, que podría ser traspasado por un pie, o un brazo que se estire para evitar la conmoción muscular. Pero que no es traspasado. Este es mi lado, siempre ha sido mi lado. Nunca había tenido una cama con dos lados, por eso, por eso no sé qué es eso de otro lado, poder elegir si estar más cerca de la puerta o más lejos. ¿Y si me acuesto en todo el centro? ¿Y si no soy de un lado ni del otro, sino de los dos al mismo tiempo?. Sería como si lo mío, no fuera mío y lo de ese otro, siguiera siendo de él pero no por completo. En el silencio de esa orilla, deposito libros, carteras, hasta la gata que se acuesta encima de todo. Deposito objetos. Pero no, no mi cuerpo. Porque esa orilla es de otro cuerpo que seguramente duerme diagonalmente en su cama, rompiendo la geometría de una cama de a dos.