Bar secreto

Buenos Aires, 2009.

Estar en una ciudad ajena hace que quieras apropiarte de ella, así sea montándote en sus autobuses, o en su metro, o conociendo los lugares secretos a los que solo los habitantes de esa ciudad tienen acceso. Una de las noches en BA, M me dice que vamos a ir a un bar secreto. Yo, sin que eso me hubiese impresionado mucho le dije “qué fino”. Me parecía que si un par de turistas habían llegado a un bar secreto a través de internet, no podía ser tan incógnito. La verdad era que una amiga que vive en BA desde hace tiempo nos había invitado. Decidimos tomar un taxi para llegar directo. Era algo lejos y luego de caminar más de 50 cuadras durante el día, no quedan muchas ganas para la noche. Con el taxi nos ahorraríamos preguntar, sacar el mapa, corrijo, buscar un poste con luz para sacar el mapa, dudar de la dirección en la que estábamos con relación al mapa, posiblemente discutir  “es a la derecha, no, es a la izquierda”, etc…. Tomamos el taxi. El taxista conversador nos habló de lo típico, la K, el control cambiario, la mierda en la ciudad, y terminó con el clásico “¿y qué pasó el 7O? Pensábamos que iba a ganar Capriles. ¿Hubo fraude?”. M y yo no logramos escapar de esta pregunta ni siquiera en el extranjero. Nos miramos con un “si este supiera lo que fue ese día para los dos” y respondimos a unísono “no, no hubo fraude” .  El caso es que, según el taxista, ya habíamos llegado a la calle Arévalo, donde estaba el bar secreto. Pagamos, nos bajamos y empezamos a buscar el número de la casa. No estaba. Yo, algo sarcástica, digo “yo sé que el bar es secreto pero no estamos en Harry Potter como para que ni siquiera la casa exista”. A Mno le causó tanta gracia. Me decía, “sigamos buscando”. No estaba esa casa. De pronto, pensamos, “¿será que esta no es la calle?”. Efectivamente, no era la calle. Como no tenía mi mapa (porque nos habíamos ido en taxi para evitar todo eso), no teníamos idea de dónde carajos nos había dejado el taxista. M pregunta a una gente que tenía cara de saberse sus pasos y le responden “creo que es tres cuadras más arriba”. El taxista, con su súper GPS nos había dejado en otra calle y hasta nos había deseado suerte y un “en esta calle no parece haber ningún local”. En su momento pensé “claro, señor porque es secreto” pero había tenido razón, no había ningún local porque nos había dejado en una calle que él mismo se sacó del orto.

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