Almohadas

Fotografía: Mark Power

Entre M y yo hay ocho almohadas de por medio. Cada vez que nos acostamos siento montículos nebulosos desde la punta de mi pie hasta la cara. Las almohadas crean una colina divisoria entre su cuerpo y mi cuerpo. Yo nunca he sido persona de muchas almohadas. De hecho, en mi cama solo tengo una almohada. Tampoco he sido persona de mucho espacio, mi cama es individual. Así que estoy acostumbrada a una almohada en una cama individual. Él, en cambio, está acostumbrado a su colección de almohadas y a su cama matrimonial. Todo suena bien. El problema es que él abraza más las almohadas que a mí. Yo, entonces, he aprendido a abrazarlo a él con una distancia promedio de dos almohadas. También he aprendido a querer a las almohadas. Incluso, he llegado a abrazar almohadas pero sólo cuando él no está. Lentamente, asumí la manía y la volví mía porque estar celosa de una almohada me daba todas las de perder.

Un día, al voltearme para decirle buenos días, él ya no era él. Era, en cambio, una almohada en forma de persona.

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