Salida del sol

A MB.

Claude Monet. Salida del Sol

 

Ocurre que te decepcionas, y sientes que cambiaste de orilla. Que tú orilla, y su orilla, ya no son la misma. Pero no quieres estar sola de este lado, sin él. Sientes el brillo que rebota de su arena y sabes que esa es la luz que quieres. Y pides que se unan los extremos. Que tú extremo se acerque al de él. Y él te dice que así va a ser, que no te preocupes. Y tú te aferras a esa certeza como te aferras a la piedra que elegiste tuya entre todas las piedras del mar, y que aprietas fuertemente en tu mano, debajo de todas las olas, para que el agua no se la vuelva a llevar. Conservas la piedra y la colocas en tu biblioteca, o en tu estante, o en tu mesita de noche y cada vez que la vez sabes que esa fue la piedra que de todas, el mar te quiso conceder y que tú pensaste haber elegido.  Se la muestras, como signo de haber estado en tu propia orilla y como signo también, de haber regresado a la suya.

Regresar a las manos abiertas del otro y sentir que nunca hubo partida.

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