En torno a una película que nunca existió

[Esto fue escrito en torno a una película que nunca existió ni creo que existirá]

Escribo con el asombro que genera ver una pieza completa -unidad de las partes. Partes que antes del amalgamiento, de la composición audiovisual, de la copulación entre la narrativa y la música, eran solamente una serie de grabaciones hechas con una cámara de video casera y sin salir de casa. Desde dos ventanas se abre la herida de una ciudad que puede ser todas las ciudades, de un abandono que corta los rostros y deja las sombras, del nacimiento de la belleza –luna llena, en medio del caos. Vivimos, ignorándolo, en un constante colapso entre psique y cuerpo. Llorar la desesperanza, gritar el alma pero sangrar la bala y esconder la adicción al mirarse al espejo y vivir la realidad distorsionada hurgando el suelo. Y es que en la película Candelaria Callejón Manduca, la mirada-testigo posicionada desde lo alto logra convertirnos en culebras que se arrastran, en ratas que van al ras del suelo y en mendigos que siempre buscan cabeza caída lo que a alguien se le haya perdido sin saberlo. Pero también se ve la nube, el sol que enceguece -ojos arriba, cielo latente.

Entramos en la esfera privada de gente que comparte cicatrices, cuerpos desnudos, balcones para airear la asfixia, pájaros que cantan solamente para el que pinta la jaula de amarillo en medio de la acera, somos testigos de los que tiran en medio de la mierda y se bañan en plena calle para lucir una limpieza que es orgullo.

Toda la película es un gran despertar de los sentidos, volver a tener vista luego de haber sido ciegos. Teniendo siempre los mismos puntos de toma, se graba la vida misma de esos, los que están afuera. Y desde afuera, nos sumergimos en las entrañas de un infra-mundo que cada vez se hace más claro. Podría decirse que esta película nos hace tangible el planteamiento de Walter Benjamin de la ciudad como un gran palimpsesto en el que se escribe sobre lo escrito y se crea sobre lo creado. Donde antes había una rata, en el día hay un drogadicto y donde había una barbería para indigentes luego hay un mar de libros, botados –páginas al viento.

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