Confesión

Josef Koudelka, 1986. Czechoslovakia. Carnival.

 

Soy débil

como la telaraña

que tienen los libros que nunca has leído.

 

Soy débil

como la cáscara del huevo que rompes

todas las mañanas para hacer el desayuno.

 

Soy débil

como la palabra misma que se

quiebra en la garganta del herido.

 

Reconocer la debilidad que pende del alma

es más duro que reconocer la fortaleza.

 

No hagas un arco con estos hilos para lanzar la piedra

Teje, en cambio, una mano que me acobije.

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En torno a una película que nunca existió

[Esto fue escrito en torno a una película que nunca existió ni creo que existirá]

Escribo con el asombro que genera ver una pieza completa -unidad de las partes. Partes que antes del amalgamiento, de la composición audiovisual, de la copulación entre la narrativa y la música, eran solamente una serie de grabaciones hechas con una cámara de video casera y sin salir de casa. Desde dos ventanas se abre la herida de una ciudad que puede ser todas las ciudades, de un abandono que corta los rostros y deja las sombras, del nacimiento de la belleza –luna llena, en medio del caos. Vivimos, ignorándolo, en un constante colapso entre psique y cuerpo. Llorar la desesperanza, gritar el alma pero sangrar la bala y esconder la adicción al mirarse al espejo y vivir la realidad distorsionada hurgando el suelo. Y es que en la película Candelaria Callejón Manduca, la mirada-testigo posicionada desde lo alto logra convertirnos en culebras que se arrastran, en ratas que van al ras del suelo y en mendigos que siempre buscan cabeza caída lo que a alguien se le haya perdido sin saberlo. Pero también se ve la nube, el sol que enceguece -ojos arriba, cielo latente.

Entramos en la esfera privada de gente que comparte cicatrices, cuerpos desnudos, balcones para airear la asfixia, pájaros que cantan solamente para el que pinta la jaula de amarillo en medio de la acera, somos testigos de los que tiran en medio de la mierda y se bañan en plena calle para lucir una limpieza que es orgullo.

Toda la película es un gran despertar de los sentidos, volver a tener vista luego de haber sido ciegos. Teniendo siempre los mismos puntos de toma, se graba la vida misma de esos, los que están afuera. Y desde afuera, nos sumergimos en las entrañas de un infra-mundo que cada vez se hace más claro. Podría decirse que esta película nos hace tangible el planteamiento de Walter Benjamin de la ciudad como un gran palimpsesto en el que se escribe sobre lo escrito y se crea sobre lo creado. Donde antes había una rata, en el día hay un drogadicto y donde había una barbería para indigentes luego hay un mar de libros, botados –páginas al viento.

Mosquitos

A MB. 

Los mosquitos son seres inferiores. Seres inferiores que pueden ser capaces de robar los sueños. tiene cuatro días sin dormir porque los mosquitos “le roban el sueño”. La solución es prender el ventilador pero el ventilador, el ventilador genera otro tipo de problemas, por ejemplo: alergias y resfriados. se duerme pero dormido dice “mosquito” y seguidamente uno escucha el “plaf”. Una pesada mano cae al azar sobre su espalda, muslo, pie, cama, etc. Cuando los mata, su cara de alegría es inigualable. me pregunta “¿por qué me atacan a mí?”. Yo no sé qué decirle. Lo que sí sé es que amanece de muy mal humor. A mí me preocupa. Creo que todo ha llegado a niveles obsesivos. Hoy, por ejemplo, cuando abrió los ojos, me dijo “ese mosquito que me mordió debe estar muy gordo” y luego me llamó para decirme “¿Sabes dónde se esconden muchos mosquitos? Abre el clóset y señala: ahí”. Él se ofende si le digo que está siendo algo obsesivo. Me dice “pero mira las picadas” y yo no veo nada, lo juro. Últimamente ha ido adquiriendo conductas como la de un gato cuando pasa una mosca: mi gato, cuando pasa una mosca, olvida que existe el mundo, persigue a la presa hasta que la mata en el aire. M dice que comprará una raqueta de las que “electrocutan” a los mosquitos. Yo le dije que eso era lo que faltaba, él corriendo por el apartamento con raqueta en mano. Cada quien busca su enemigo pero muy pocos enemigos, literalmente, se posan en el oído y confiscan los sueños. Yo, mientras, ruego por una fumigación.

El adiós

In memoriam de mi tía Tamara, a los 6 meses de haber dicho adiós.

Vincent van Gogh. Blossoming Almond Tree

No intentes aprender a sentir un adiós

pero hablo del adiós definitivo

del que separa esta tierra de otra

 

No intentes aprender a sentir un adiós

él viene con ecos de seda

y sin pedir permiso

deja en ti

el vacío de la muerte.

Tejedura

Obra de Judith Scott

 

Intento tomar el hilo

y hacer de él un nudo indivisible

O quizás una tejedura

que soporte la levedad

que ataje la caída

 

Pero solo logro que se deslice

que se cuele por los espacios de los dedos

hasta llegar al suelo

y ser pérdida

 

Hasta llegar al suelo

y ser solo línea continua.