El Perejil

A MB

Perejil

Uno nunca sabe dónde (o cuándo) comienza una discusión, ni dónde (o cuándo) termina. Yo creo que esta discusión comenzó al haber utilizado perejil para una carne molida. Definitivamente ese tuvo que ser el comienzo porque de haber utilizado otra hierba tal discusión no se hubiese dado. La secuencia de eventos fue la siguiente:

– Amor, qué rica te quedó está carnita, tiene sabor a comida árabe.

– Sí, es porque le puse perejil.

– Pero también puede ser influencia española en los árabes.

– No vale, es al revés, por favor.

A partir de este punto francamente no sé qué vino. Llegamos a niveles como “la invasión de Constantinopla fue en 1453” y “los turcos, te hablo de LOS TURCOS, cuando invadieron Grecia”. Todo era tan absurdo como el mismo hecho de estar discutiendo por un perejil. Para despejar dudas: internet (les recomiendo no seguir este procedimiento a la hora de una discusión con su pareja). Google: Historia del perejil. Descubrí que hay una Isla de Perejil que se disputan España y Marruecos,  que en un país – no sé cual porque no descifré de donde era la página – un perejil es una persona que es acusada por un policía de un crimen que no cometió y que los griegos la utilizaban como planta “mágica” en el medioevo – creían que tenía el poder de matar a un “enemigo”. Cada detalle que daba de lo que leía en internet se convertía en viento para una llama de fuego, es decir, la cosa se ponía peor y peor.

Yo estaba indignada por estar discutiendo por un perejil pero ya entendía que no era el perejil en sí, habíamos entrado en una lucha por la razón. Interminable. En ese momento me di cuenta de que estábamos recreando cualquier escena de una película de Woody (Diego Marcano, que razón tenías aquella noche en París al decirme que mi vida es una peli de Woody) y que ese tenía que ser el tema más absurdo por el cual una pareja discutía. El problema era que yo no tenía la capacidad para poder reírme sobre todo el asunto. No aún. Así que me acosté a dormir. Al rato de caras serias (y silencio), él se me acercó y me dijo riendo: “amor, ¿sembramos una matica de perejil?”  y esa pregunta, creo yo,  fue el fin de la discusión.  Ahora sí me río y mucho.

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