Tantos botones como arrugas tienen sus manos

[Entrada de un diario desempolvado]

 

Bus 130. Destino: Belgrano, calle Pampa. Salida: Paseo Colón. Máquina dispensadora. Monedas. Ausencia.

Al montarme en el “colectivo” o coloquialmente hablando, en un “bondi”, me percato que las monedas son el único medio de pago. Sí, las monedas. Problema: las monedas habían emigrado de mi cartera. Ahora viven en el sombrero de cualquier músico de la ciudad. Ahora viven en las manos del “pibe” que me pidió dinero. Problema resuelto. Alguien pagó mi ticket. Un viejo señor, quizás. Eso creo, sí, eso creo.

Paseo por el barrio chino. Réplica en miniatura de cualquier barrio chino en cualquier ciudad del mundo. Dragones, globos de papel, pequeños gatitos que mueven sus patas deseando suerte al ciego, al sordo, al mudo. Todo perdemos los sentidos en medio de la rutina. Cuando viajo, los recupero. No paro de hacer hallazgos con la mirada. Uno de esos hallazgos fue una tienda de botones. Tiempo paralizado. Tiempo en coma. En esa tienda los relojes dejaron de sonar hace más de 30 años. Cajas podridas. Luz tenue. El señor encorvado camina hacia mí. Empieza la aventura de los botones. Entro al bosque. Hay botones verde grama, selva, madera de zapatero o caoba. Hay botones naranja o sol que se pone. Hay incluso botones nacar. Botones miel, botones mar, río… Hay tantos botones como arrugas tienen sus manos. Él empieza a hablar en francés. Dasza responde. A mí no me habla en español. El idioma lo ha trasladado a sus 12 años. A su infancia, a la tierra abandonada por sus pasos. A la tierra dejada en su cuna, en su cama de infante, en sus pupilas de estudiante de la geografía universal y la historia. Pagué 25 pesos por una bolsa de botones. Dos de regalo: el amarillo oro y el morado ciruela. Algo debo hacer con ellos, pensé. Mientras, el encuentro se suma a mí antología de inéditos.

2 pensamientos en “Tantos botones como arrugas tienen sus manos

  1. yo haría unos hermosos marcalibros, como los que hacía blanca streponni, donde el botón sea quien abra cada historia.
    bella nota, me quedé con ganas de más texto.
    mhvazquezbenarroch

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