Lima en anotaciones breves e inconexas

Mercado, Lima, Perú. 2011

Hoy lunes 19 de diciembre hay sol en el cielo de Lima. Nubes y azul, lo cual escasea en esta ciudad de montaña y mar. Lima te permite sentir lo autóctono y lo extranjero. Deja condensar ese orgullo peruano en las papilas gustativas y te presta la naturaleza paisajes asombrosos.

Manejo.- Los limeños manejan como si es de vida o muerte que lleguen a destino. Si eres peatón y ven tus intenciones de cruzar, aceleran. Esto me lo advirtió Dasza pero yo tuve que comprobarlo por mí misma, no una sino dos veces. Ni se diga de los choferes de los combis (para nosotros: carritos). No has terminado de subir todas las escaleras (que son 2) cuando ya estás luchando con el equilibrio (y contra la gravedad) evitando perder los dientes en una caída o darle un codazo al que sí consiguió sobrevivir y hallar puesto.

Kioskos.- En los kioskos se guindan los periódicos del día con pinzas de manera que queden uno al lado del otro, en forma de cortina – logrando un efecto bastante claustrofóbico para el kioskero que está adentro y facilitándole la costumbre a los limeños de leer los titulares. Al parecer, los titulares aquí son más importantes que las noticias.

Mercados.- Cuando vas a un mercado de artesanías, lo que más escuchas es “pregunte, pregunte, por favor”. En vez de una sugerencia, o una cortesía, a veces sentía que era un pedido, una solicitud desesperada, un ruego. Terminaba comprando cosas que ni sabía qué haría con ellas luego.

Muertes.- Estando aquí han muerto: Eva Ekvall, Cesaria Evora, el primer presidente demócrata checo y Jim King II, rey de Corea del Norte.

Temblores.- Anoche estábamos en la cocina Daria, JP y yo, esperando que llegara Alex de Boston y preparando la cena – un plato polaco riquísimo. Música, vino, bailes, aceite caliente y de pronto JP pregunta “¿sintieron eso?” Cuatro segundos después, el piso, mis pies, temblaron. En esos microsegundos sólo pude pensar “estamos en un piso 12, maldita sea”. Luego imaginé cualquier tipo de escena catastrófica propia de las películas hollywoodenses y amarillistas en las que se acaba el mundo: edificios derrumbándose, gente corriendo, incomunicación. Todo esto en 10 segundos. Ya el temblor había pasado pero la imaginación se había lanzado una indetenible secuencia que sólo pudo ser interrumpida por la comida. El olor a comida me trajo a tierra así como a mi imaginación.

Explosión.- En mi penúltima noche en Lima estábamos Daria, JP, Alex y yo en la sala. Veíamos un video en youtube. De pronto, una explosión retumbó. La sensación fue tan fuerte que hasta creía que los vidrios seguían temblando. A los 5 min, a unas 5 cuadras, unas llamas inmensas. Terrorismo, gritó Daria. A mí la idea de terrorismo ni siquiera me cruzó por la mente. Televisión: noticiero como si nada. Las llamas continuaban. Bomberos, sirenas. Idea: busquemos “explosión miraflores lima” en twitter. Voilà! Había explotado dos bombonas de gas en una casa y afectó a 30 casas de la cuadra.

Comida.- No me bastan mis papilas gustativas para descifrar la condensación de sabores que puede tener un mismo plato. Pescados capitales.  Cena de última noche. A Lima hay que comerla.

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