Hanami

Londres, 2011.

Todos los días me toca revisar las efemérides del día siguiente; es parte de mi trabajo. A veces, encuentro cosas realmente extrañas como “Día internacional del sexo oral” o “Día del Hígado” y otras veces, me sorprendo con tradiciones o festividades que me parecen conmovedoras. Esto último fue lo que me pasó ayer.

Hoy se celebra en japón algo que se llama Hanami (花見), lo cual quiere decir literalmente “ver flores”. La tradición consiste en salir a los distintos parques a ver los árboles de cerezos ya floridos. Es un día para contemplar la belleza de la naturaleza. Las personas salen a los distintos parques, en familia, en pareja, solos, con sus mascotas, con sus libros y demás, a OBSERVAR. En esta época en la que cada vez vemos más una pantalla y menos nuestro entorno, en la que si detallas texturas, colores, imágenes de tu alrededor suelen responderte “¿tú estás drogada o qué?”, me pareció realmente un suspiro esta tradición.

Nosotros no tenemos árboles de cerezos – o al menos no que yo sepa, pero podemos salir a ver nuestros Araguaneyes, llenos de amarillo, que abundan por toda la ciudad caraqueña. Veamos un poco más. Veremos cosas que nos desagraden pero también veremos cosas que nos gusten y cuya existencia siquiera imaginábamos.

Descarga – a propósito de la delincuencia en mi país

Caricatura de Rayma

Los recientes casos de violencia me han golpeado, me han dibujado una desesperación mayor al cuadro “El grito”, de Munch. Los recientes casos de asesinatos, sicariato, secuestros, invaden el espacio que cohabito. Televisión, radio, prensa, internet, twitter, llamadas telefónicas avisando que cercanos han sido secuestrados. Los relatos graciosos que solían caracterizar a los cuentos de sobremesa se han convertido en un “quién sabe de más historias de violencia”. Todos estos casos invaden hasta mi inconsciente. Vivo en un país donde mis pesadillas – en las cuales me matan a tiros, me secuestran, veo hombres con metralletas que se acercan, etc – no se alejan del despertar. Entonces, la pesadilla pierde su carácter onírico y es cruenta realidad. Realidad roja, ensangrentada, abaleada. Nuestra ciudad, como todas las demás tiene sus cielos azules, sus nubes blancas, sus alegrías, sus regocijos, su metáfora, sí, es cierto. Tiene su sello único, El Ávila. Pero sobre ella – y sobre muchas más de nuestro país –  cae el peso de todos nuestros muertos que hemos preferido quitarles los rostros. Preferimos no saber quienes eran, cuál era su vida, ni su historia. Porque así duele menos tanta bala, tanto truncamiento.  Dicen que la esperanza no se pierde, yo digo que la capacidad de asombro tampoco. Nos acostumbramos a asombrarnos y luego subir los hombros y bajarlos. Nos acostumbramos a decir “bueno, aquí nos tocó vivir, y no volveré a tener 22 años así que igual voy a salir”. Y esto me frustra. Me frustra no estar en la calle, no gritar que quiero que se tomen medidas efectivas. Me  frustra saber que aunque estuviera en la calle, no podría cambiar este hecho. ¿Y qué hacemos? ¿Por qué hemos dejado que la delincuencia tome nuestras calles? ¿Cómo somos ciudadanos sin calles? Caminar, vivir la ciudad es parte de ser ciudadanos. Es civismo. No podemos vivir en una ciudad que nos obliga al encierro, a las cuatro paredes.

Me pregunto, como sociedad, ¿cómo rezan por un presidente que muere de cáncer, cómo organizan caminatas y marchas por su salud y no por la salud de todos los venezolanos? O mejor dicho: ¿Quién se responsabiliza? Los que seguimos vivimos rogando no ser estadísticas, vivimos con un estrés que tapamos en salidas nocturnas, en recitales de poesía, en exposiciones. Está bien, de no hacerlo acabaríamos locos. Pero aceptemos que nos invade un pánico que no nos atrevemos a verbalizar para hacerlo menos tangible. Pero está ahí, como están las muertes. Y no podemos seguir evadiendo de nosotros mismos, de nuestra ciudad, de nuestra realidad de morgues con kiosquitos de comida y jugos, de la publicidad de servicio de blindaje de carros y escoltas por una noche.

Hay que despertar y enfrentarnos con nuestra propia sombra. No nos resignemos a la muerte. Creamos en la posibilidad de revertir está realidad nefasta.

[Esto lo escribí una mañana mientras hacía el trabajo final de la última materia de mi carrera. Al llegar a mi casa, el candidato presidencial Henrique Capriles estaba dando una rueda de prensa sobre este tema y dijo: “Las personas que caen producto de la violencia no son un número”. Una parte de mí, esa en la que la que siempre hay esperanza – sintió un profundo consuelo].

El mundo es una poesía

A Edda Armas.

Boulevard Saint-Germain-des-Près, Paris. 2011.

Hoy, al entrar al siempreadictivofacebook, me encontré con un mensaje de Mh que decía: Sin cursilerías: el día de la poesía es todo el año. Estoy de acuerdo, para algunos, el día de la poesía es todo los días, todo el año, a toda hora. Pero el día en el que el mundo pone el ojo en la poesía es hoy 21 de marzo, día también del equinoccio de primavera.

Me desperté pensando qué era la poesía para mí. Típica pregunta de entrevista de radio. Seguida de esa pregunta, siempre viene un suspiro. Un largo suspiro que quisiera fuera comprensible para el que me entrevista y pasara así a la siguiente pregunta. Pero claro, no todo funciona tan bien.  No pretendo hacer una disgregación de la importancia de la poesía en mi vida pero, mi pensamiento de recién despertada me llevó a esto:  tener una madre poeta es, sí, una experiencia de vida.

Cuando era pequeña recuerdo que siempre le pedía que me contara un cuento “pero de los tuyos, mami, de los tuyos, de los que no tienen libros”. Entonces ella empezaba a narrar cuentos fantasiosos de animales que hablaban y niñas que resolvían misterios. A mí me encantaba. Sé que podía ser agotador porque en vez de dormir, quería más y más cuentos.  Pero ella era la que alimentaba ese mundo onírico. Ahora, ya de grande, me cuenta que cuando fuimos a Disneylandia (yo tenía casi 4 años) y llegamos a la casa de Alicia (en el país de las maravillas), pregunté por el conejo. Mi mamá me dijo que ya debía estar por llegar, que ella lo acababa de ver. Yo, entonces, con zapaticos de patente negros, vestidito y carterita en mano (vestimenta nada práctica para que un niño vaya a un parque como ese), decidí sentarme en las escaleritas que llevaban a la puerta. Yo iba a esperar al conejo de Alicia. Según mi mamá, pasó un buen rato y yo seguía allí. A la espera. Inmóvil. Así fue, que hasta chance les dio de tomar fotos. No sé el final del cuento, ni como me convencieron, ella me cuenta que me explicaba que el reloj  del conejo se había dañado pero probablemente terminé llorando y gritando “conejooo!”. Ahora me rio, pero sé que debió ser una angustia. Así como es una angustia no encontrar un libro que quieres. O una felicidad inmensa encontrar una Obra Completa de algún escritor que persigues.

El caso es que ese mundo fantástico se expandió en mí. Aún creo que el conejo de Alicia anda por ahí y que cuando aparece un grillo es un gesto poético heredado de mi madre (o de mi abuelo). El mundo es una poesía, como encontré caminando por el Boulevard Saint -Germain-des-Près. Y mi casa, también.

Equinoccio primaveral (2)

Google images

Hace varios años mi tío Ricardo me regaló en Nueva York un librito de puros Haikus (de ahí, que estén en inglés). El libro está dividido por las estaciones del año y por algunos temas muy característicos: animales, flores, fases de la luna, y otros elementos de la naturaleza. Hoy, día del equinoccio de primavera, comparto algunos.

 

Spring has come
In all simplicity:
A light yellow sky.

Issa

 

Lighting one candle
With another candle:
An evening of spring.

Buson

 

Meeting the messenger on the road,
And opening the letter
The spring breeze

Kito

 

Spring rain:
Everything just grows
More beautiful

Chiyo-Ni

 

The violet:
Held in the hand,
Yet more lovely.

Koshu

 

Plum-blossoms:
My spring
Is an ectasy.

Issa

 

Silent flowers
Speak also
To that obedient ear within

Onitsura

Equinoccio primaveral (1)

Giverny, Francia. 2011

 

Variaciones sobre la rosa
Umberto Saba

 

II

Muchos son los colores con que cambia

tu encanto el arte o la naturaleza.

En mí, como es turquesa el mar, existes

por la idea a que te uno, sólo roja.

 

III

Cauta tus tallos recortaba. Triste

me sonrió, y a mi primer regalo.

Dos manos lo ajustaban al suelo.

Me fui lejos, abandoné aquel seno.

Erré, como es humana la condición.

Me superó la vida, la vencí

en parte; al corazón no tanto.

Aún

me canta el ruiseñor y ha florecido

una rosa entre espinas.

Murs parisiens

 

On dit que les murs ont des oreilles, je dis que les murs ont des yeux, des ironies, des mains et même des visages. Mais surtout, les murs ont de poésie. C’est ça que j’ai trouvé en marchant par les rues parisiens.

Quelques photos pour vous illustrer:

 

 

Traducción: Decimos que las paredes tienen oídos, yo digo que las paredes tienen ojos, ironías, manos e incluso, rostros. Pero sobre todo, las paredes tienen poesía. Es eso lo que encontré al caminar por las calles parisinas y esta, una pequeña muestra fotográfica. 

Diálogos triviales entre poetas


Librería Shakespeare and Co, París. 2011

1.

– Él: No es bueno colgarse el tiempo al cuello.

– Ella: Este tiempo es de cuerda. Es un ejercicio de constancia.

 

2.

– Él: Ni siquiera lo pienses muy alto. Podría traerte karma.

– Él 2: Es verdad, el pensamiento también tiene decibeles.

 

3.

– Él con él mismo: Yo mismo creí que dos versos no eran míos, por eso están en bastardilla.

 

4.

– Ella: Contigo es que tengo que hablar, sabes mucho de blogs, ayúdame a arreglar el mío.

– Ella 2: A ver, ¿qué sucede con tu blog?

– Ella: Intenté entrar en el mundo HTML y me perdí.

– Ella 2: Tranquila, dale a HTML y luego “expandir artilugios”.

– Ella: ¿”Expandir artilugios”? ¡Qué poético!

 

5.

– Ella: Me meteré en un gimnasio para recibir mi cuota de endorfinas.

– Él: Jajaja. ¡No, no! Come chocolate, ¡te lo ruego!

– Ella: No es tan efectivo.

– Él: Mmm, bueno, promete que dejarás el gimnasio cuando consigas a un chico inteligible.

 

6.

– Él (refiriéndose a un sueño que Ella le contó): ¡Mierda! ¡Qué fuerte! Eso no es un sueño, es una noticia.

– Ella: ¿Una noticia? ¿De qué? Ay no no, qué pavoso. Ni de broma.

– Él: De la página de sucesos.

– Ella: Ah, ¡una noticia! Ya entendí. Me había asustado.

 

7.

– Ella: ¿Cómo estás?

– Ella 2: Estoy… Estoy buscando el adjetivo… No lo encuentro.

– Ella: No suena bien.

– Ella 2: Ah, ¡ya sé! Estoy… Descomprimiéndome… ¿Esa palabra existe?

 

8.

– Ella: Te amo.

– Él: Corrijo: Amas la parte cruel en mí. Pero está bien, esa es la mejor.

– Ella: Jajaja, amo todas menos la terca y obstinada.

– Él: Amas todas menos la que se parece más a cierta partecita tuya.

 

9.

– Él: Si alguien me escuchara en estos momentos, probablemente se burlaría de toda mi disertación absurda sobre el Medio Oriente.

– Él 2: Menos mal que en esta mesa no hay narradores.

 

10.

– Ella (interrumpiendo una inútil conversación sobre la utilidad del cine): No sé, yo ahora sólo pienso si la tarjeta de crédito que acabo de dar, va a pasar.

– Él: Jaja, muy bien, siempre es bueno hacerse esa pregunta.

– Ella: Es que pagué todas las cosas de mi gata la semana pasada y no sé si luego pagué la tarjeta.

– Él: Bueno, queda el consuelo que siempre es mejor pagarle las cosas a tu gato que a tu novio.