Lo que ha habido en el jardín central

Jardin de Monet, Giverny, Francia. 2011

 

Ha habido ausencia, sí. Pero mientras en este jardín, creado en el ente omnipresente llamado Internet, no hay aromas, en el jardín central de mi casa, florece la palabra y la vida. Y se reproduce -palabra y vida- en pequeños papeles que dejo por todos lados, en el mismo bosquejo de poema guardado cinco veces con cinco nombres diferentes, en la tinta derramada en la cartera, en los sueños interrumpidos en el momento que ya no recuerdas pero que sabes que era decisivo, en el último sorbo de café que siempre se deja en la taza porque ya está muy frío, en los nenúfares de Monet y los 7 kilómetros que madre e hija caminaron para llegar a ellos, en la Catedral Santa María del Mar en Barcelona, en el balde de agua jabonosa que recibes mientras hablas con una nueva amiga en una acera en el Raval a las 11 30pm, en las conversaciones que requieren de un cuaderno para anotar las películas que te recomiendan, en el cereal con leche de avellana, en los pasos calurosos por Andalucía, en los naranjos que llenan las aceras de Sevilla, en la Alhambra y sus azulejos, en la Granada de Lorca, en las paletas de jamón que guindan colando la grasa y el orgullo español, en las manos del viejo hombre que pide dinero con un vaso de cartón sucio a la salida de la iglesia y que luego de escuchar el “tic” de la moneda, la retira para así dar más lástima, en los gitanos que llegan con sus cabellos largos y su tatuaje de luna y estrella en la mano y cantan mientras toman, en el Río Tinto y las minas que lo explotaban y que lo explotarán, en las ciudades itálicas que han rescatado de las capas del tiempo, en la Torre Eiffel bajo lluvia y los ascensores amarillos y rojos, en el Arco del Triunfo y sus escaleras sin descanso cada 20 escalones, en la claustrofobia que descubres tener en el Musée du Louvre, en la Mona Lisa superstar, en las berenjenas dulces que coronan el falafel par emporter en Le Marais, en las ofertas de 80% que despiertan el lado consumista y femenino-sex-and-the-city en ti, en las dos semanas sin comer carne, en las dos mariquitas que se posan en tu pierna en dos momentos diferentes del día, en los 10 euros que te regalan las escaleras del RER, las bienvenidas y las despedidas como movimientos de sístole y diástole.

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