Minuit à Paris



Soy fan de Woody Allen desde que hace 4 años fui con Adalber al ciclo de este director en el CELARG. Soy una fanática crítica, si eso puede existir. O al menos, hago un esfuerzo. Por ejemplo, sé que Annie Hall es mejor que Match Point y que quizás es mejor el Woody Allen de hace años que el de ahora. También soy una fanática algo extraña porque prefiero Annie Hall o Manhattan. O como decirlo, Manhattan no es mi película preferida.

Un día Diego me dijo que yo parecía un personaje de una película de Woody. Luego rectificó y dijo “no, de hecho pareces al propio Woody en sus películas”. Yo no sabía cómo reaccionar porque si bien soy fan, no me siento así de paranoica ni creo que haga suficientes chistes que incluyan a los judíos o a los psicoanalistas (de hecho, no los hago) como para ser comparada con él. Además, yo no salgo con mi hijastra. Es más, ¡yo no tengo hijastra! Cuando le di todas estas razones que explicaban porqué no me parecía a él, él sólo respondió “ves, a eso me refería”. Insisto, Diego, yo no me parezco Woody.El caso es que como buena fanática, fui a ver Minuit à Paris. La vi estando en París lo cual hizo de la experiencia algo aún más emocionante porque me dediqué a ver si los lugares que salían ya yo los conocía.Casi todos, sí, menos el mercado de pulgas y la casa de Monet, fue el balance.
La película me gustó. Me hizo reir y me hizo reflexionar. Creo que tiene mucho de la Rosa Púrpura del Cairo, algo que había dejado de estar en sus últimas películas. Ese juego realidad/fantasia tan propio de Woody.

A través de un buen sentido del humor – e incluso de escenas algo tontas y personajes nada profundos- hay una reflexión sobre ese vicio que tenemos los humanos de siempre anhelar las eras o las épocas que no vivimos. Siempre es mejor el pasado, o eso creemos o pensamos a veces. A través de la fantasía nos muestra lo absurdo que podemos llegar a ser y sobre todo, lo inconformes. Escondernos en un pasado que vive su tiempo, o que vivió su tiempo, nos cierra los ojos del presente que, por más caótico -y últimamente, ‘showsero’- que sea, es real. Es el que vivimos.

Me divertí mucho con la manera como deja entrever detalles típicos y curiosos de los franceses. Por ejemplo, el hecho de que lleven a los perros a todos lados, incluyendo los “grandes” restaurantes… Que cosa más inexplicablefue lo que pensé la primera vez que lo vi. Después de cuatro meses, lo sigo pensando.
Si bien Woody no actúa en la película casi lo puedes ver a través de Owen Wilson. Es más, Owen Wilson es Woody La manera de hablar, de caminar, la paranoia, el miedo a todo, lo asocial. Woody logró estar en escena sin estar y a través de un actor hollywoodense nada extraordinario. O quizás por eso lo buscó. Siempre he sentido que no importa que papel haga Woody o que película sea, el único personaje que ha desarrollado a lo largo de toda su carrera cinematográfica ha sido él mismo.
No sé que fue lo mejor de la película o lo que más recordaré (es decir, lo que más me gustó), lo que sí sé es que salir y encontrarme con la misma ciudad, con las mismas aceras y con el mismo cielo sólo que sin nubes y sin lluvia, fue algo propio del mismo juego de realidad/fantasia. Sentí que salir del cine era parte de la misma película. Una extensión. Como los cortes que algunas veces colocan al final junto a los créditos.
Lo confieso: quería que apareciera la carroza y con ella, el París de los años 20.

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