La protesta es efímera, como la pluma


Hago una interrupción a la cronología de mis entradas para escribir sobre un acontecimiento actual. Escrito el 22 de marzo de 2011.

Cuando todos los días se caminan las mismas calles hay una relación que se crea con el pavimento, con las paredes de los edificios que bordeas.
Cuando todos los días se caminan las mismas calles hay un aire repetido, que no molesta pero que se sabe. Es por eso que cuando algo pasa, cuando algo cambia, cuando de pronto a lo que siempre está igual se le agrega un elemento (o varios elementos) uno lo puede saber antes de cruzar la esquina. Y eso fue lo que me pasó ayer mientras caminaba por el Boulevard Saint-Germain para llegar a la estación Rue du Bac, la misma que tomo todos los días para regresar a casa luego de una jornada de estudios. Antes de cruzar la esquina, ya me preguntaba qué pasaba. No tuve que esperar mucho para tener la respuesta: miles de plumas blancas cubrían las aceras. Como si hubiera nevado plumas, o como si hubieran matado a millones de gallos y gallinas (esto último no lo pensé porque no había sangre y porque no jugué suficientes videojuegos como para quedar así de “afectada”).
Toda la gente que llegaba miraba el suelo con cara de sorpresa. Otros se tomaban fotos mientras sacudían las plumas con los pies (dándole así un toque playboysiano). Habían policías por todas partes pero no había sensación de caos; sólo de sorpresa. Tomé algunas fotos (es decir, era de los que les tomaban fotos a los que tomaban fotos) y luego crucé la calle para comprarle al mismo árabe de siempre 4 cambures y 2 aguacates bebés. Los vende en la acera, al lado de un kiosko y al frente de las escaleras del metro. Lo cual me queda de “pasada”, y ya he comprobado que son muy buenos (ambos), más baratos y además, el hombre es agradable.
Al voltearme para bajar las escaleras vi una serie de zapatos de escalar guindando del famoso letrero de “METRO” de París. Los acompañaban una serie de panfletos sobre lo difícil que es trabajar en el mundo “ecológico” y como no les pagan bien a los biólogos ni ecologistas.
Nada de animales asesinados, ni lluvia de plumas. Eso había sido una protesta (como las muchas que hay aquí) de todos los que trabajan en pro del ambiente. Los franceses tienen un fuerte sentido del reclamo (incluso, a veces, exagerado). Pero en este caso, fue un fuerte sentido de la creatividad (me parece a mí).
Me fui pensando que los zapatos ayudarían a algún sans-abri (mendigo) y que las plumas al día siguiente ya no estarían. Las protestas son efímeras, al menos para los ojos de muchos, o al menos para los ojos que están rojos de poder.
Pensé en los estudiantes que protestan en la huelga de hambre en Caracas y como sus vidas no valen nada para el gobierno (¿valen para nosotros?). Me invadió un sentimiento de tristeza.
Hoy, al despertarme, encontré la noticia de las bocas cocidas. Me enteré al leer un comentario en Facebook de mi amiga Paola: “se cosen la boca con la valentía que otros hemos perdido”. Seré honesta: si eso es valentía pues no la he tenido nunca, ni la tendré. Mi boca no la coso por ningún gobierno. Soy demasiado egoísta para dar mi vida por un país. ¿Es eso lo que ellos harán? ¿Será que ellos están dando sus vidas por un ideal o una ideología y yo no lo sé? ¿Son estos los héroes del presente? ¿Por qué lo harán? ¿Qué haremos los demás si estos jóvenes sí dan sus vidas? ¿Nos quedaremos tranquilos? ¿Qué podríamos hacer? ¿Qué hicimos cuando Brito murió? ¿Qué pudimos haber hecho? Son muchas las preguntas que me hago y que me gustaría hacerles. Son muchas las preguntas que quisiera que un periodista les hiciera. Pero en estos tiempos, en los que hay dos posiciones (en los que tiene que haber dos posiciones), en los que todo está politizado, en los que vivimos en un sistema autoritario, lastimosamente casi es un crimen cuestionar cualquier protesta en contra de Chavez.
La protesta es efímera, como la pluma. Es ligera, sí. Pero muchas plumas juntas llamaron la atención de todos los transeúntes. Muchas plumas juntas hacen almohadas y muchas almohadas llenan espacios. ¿Por qué no se unen las plumas en Venezuela? ¿Por qué todos los sectores que protestan andan “por su lado”? ¿Por qué no hacemos de lo efímero, algo perdurable?
De nuevo, lo dice alguien que escribe desde su ordenador, en una ciudad extranjera en la que las noticias de su país no son transmitidas. Como si los venezolanos (los que se cosen las bocas, los que mueren arrollados mientras manifiestan, los que mueren por semana, los que no consiguen trabajo, los que ganan premios, los que son artistas) no existiéramos y como si el único que existiera verdaderamente fuera el comandante. Pero la reflexión es mi pluma, y esa sí la lanzo. Igual de efímera, es cierto, pero la cadena de reflexiones nos puede llevar a algún lado, ¿no? Quizás soy muy ingenua creyendo en el debate y no creyendo en la flagelación del cuerpo. No lo sé pero no todos nacimos para cosernos las bocas, querida amiga.

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