Mafalda, a mí sí me gusta la sopa

La sopa no es generalmente aceptada por las mayorías. Personajes muy importantes como Mafalda la odian hasta más no poder. Cuando se ofrece sopa, la gente arruga la cara al menos que esté enfermo. Porque cuando estamos enfermos todos amamos la sopa. Incluso Mafalda -eso creo yo-.
Pero lo cierto es que yo amo la sopa. Tiene una cantidad de beneficios irresistibles: fácil de hacer, fácil de guardar -con posibilidad de congelamiento- y fácil de calentar. Además, la hay de muchos colores y sabores: de auyama (una amiga llamada Claudia me hizo acordar del nombre) es anaranjada, de papas es blanca/crema, de espárrago es verde, de zanahoria aún más anaranjada que de auyama, de apio es amarilla clarito y así…
La sopa me recuerda a mi abuela. Ella siempre tiene sopa para ofrecer. Y yo siempre tengo un sí ante tal ofrecimiento. Ahora no tengo a quien aceptarle una sopa pero puedo hacérmela. Y, la verdad, he descubierto que: primero, hago sopas muy ricas y segundo, es lo único que sé cocinar bien.
Así que iré probando los distintos sabores e iré llenando la cocina de distintos colores hasta que yo misma me convierta en una pequeña Mafalda y no la pueda comer más. Mientras, la disfruto.

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