Incendio en la Catedral


Ayer me levanté a las 11 am con la fija idea de ir a conocer a la Cathédral Notre-Dame de Paris. Desayuné en abundancia para evitar tener que comer en medio del paseo y me vestí con muchas capas. Se pronosticaba un día helado.

Salí con mi cantimplora, mi cámara fotográfica, mi libro para el metro, unas libretas, una pluma y mi ipod (que no llegué a usar por querer escuchar los sonidos de la ciudad). Es decir, estaba equipada y lista para conocer a la construcción gótica.
De lejos se presenta imponente, sin aire ligero. Al irme acercando la sensación se incrementaba (debo hacer la aclaratoria que el irme acercando implicaba superar los obstáculos-turistas que hacen viajes en manadas de 15 o 20 personas). Al entrar no hay sensación posible de describir sino un plafff en la cara. Como cuando te tiran un balde de agua fría encima.
Hice el recorrido al revés (me di cuenta ya al final porque todos venían en sentido contrario) pero no me importó porque así para el final me esperaba una figura de piedra muy linda de Saint Jeanne D’Arc. Le prendí una vela y le intenté tomar varias fotos sin flash (porque con flash salen a flotes los años de la piedra y no quería eso) pero se me hizo difícil.
A la salida, me senté en unos bancos helados a contemplar el monumento. Pensaba en el siglo XII, en el medioevo, en como algunas construcciones perduran y en sus paredes suenan los ecos de los años cuando de pronto, se escucharon sirenas de bomberos. Muchas sirenas y muchos bomberos. Dos camiones se estacionaron en frente de la entrada y comenzaron a desplegar todo el equipo apaga-incendios. La manguera, la escalera, los cascos… Había gente que no le prestó atención -al comienzo- y otras personas – como yo – que observábamos con detenimiento. Intenté buscar el humo con la mirada pero no encontré nada. Los bomberos entraron por un lateral de la Catedral. Yo esperaba que en cualquier momento salieran las cámaras, que todo fuese una grabación, pero eso no pasó. El humo no lo vi, los bomberos seguían llegando y un bandoneón aparecía de repente a lo lejos. Yo elegí el bandoneón, así que me fui siguiendo sus notas mientras el incendio en la catedral se apagaba.

5 pensamientos en “Incendio en la Catedral

  1. Digo lo mismo que Anita. Por deformación profesional, ambas —ella y yo— habríamos averiguado de qué se trataba la emergencia. Después de averiguar, también yo le habría regalado mis oídos a ese bandoneón. Adoro el sonido melancólico de los bandoneones. La prima Argelia

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