Paradoja

Andalucía, España, 2011.

Andalucía, España, 2011.

No siempre el que toca una puerta es porque quiera entrar. A veces el sonido, el toc toc, se vuelve parte de nuestra sinfonía. A veces se vuelve necesaria la sensación de nudillos y madera, la espera ante el ojo inspector de pez. Y para el otro que escucha el golpe, el programar el camino desde donde está hasta el pomo de la puerta, eso, a veces, se convierte en vida.

No siempre el que toca una puerta es porque quiera entrar. Hay en la práctica una constancia casi terca, obtusa, una curiosidad gatuna de saber qué hay más allá. Para el que está en ese más allá,  para el que está dentro, abrir puede convertirse en una obligación. Todo menos abrir para cerrar. Porque cerrar una puerta puede significar abrir ventanas. Y las ventanas son fuga, infinito en la vista, conexión con lo intangible. Son, invitación al vuelo.

Somos la incesante añoranza de despegue pero la constante permanencia en lo concreto.

Dar

Luis Brito, Venezuela.

Luis Brito, Venezuela.

En este período de crisis es muy importante no encerrarse en uno mismo. Es necesario abrirse, tener detalles con los demás

Tuit del Papa Francisco I

A veces uno quiere dar todo, quiere abrir ventanas, quiere que el colibrí que hoy vuela alrededor de una palma se vaya a una flor a sabiendas que no lo volveremos a ver, porque en nuestro jardín no hay flores. Uno quiere encontrarse en los gestos, siempre, quiere que el dar sea sinónimo de recibir – pero no recibir de vuelta, sino más bien que el gesto halle manos abiertas. Pero no es así. No es una fórmula. Los gestos son para encontrarse en ellos pero también para perderse. Perderse en el detalle que damos al otro es casi lo mismo que perdernos en nosotros mismos. Es mantener un monólogo de expectativas. Es, a fin de cuentas, encierro.

Dar, a riesgo de abrir una fisura, un vórtice, un agujero negro. Dar, a riesgo de ser encontrado.

Geometría de una cama

Erich Hartmann. Maine, USA, 1971

Erich Hartmann. Maine, USA, 1971

Esta cama expande las dimensiones del vacío que me rodea. La distancia de un extremo al otro es proporcional a la distancia que existe entre la ausencia y yo misma. La sábana tensada hasta más no poder evitando las arrugas, mientras el cuerpo se vuelve un algo enrollado en su propio eje. ¿El espacio que corresponde a un otro, quién dice que puede ser habitado por uno mismo? ¿Cómo conquistar la no presencia? Muro invisible que no sabe su altura, que podría ser traspasado por un pie, o un brazo que se estire para evitar la conmoción muscular. Pero que no es traspasado. Este es mi lado, siempre ha sido mi lado. Nunca había tenido una cama con dos lados, por eso, por eso no sé qué es eso de otro lado, poder elegir si estar más cerca de la puerta o más lejos. ¿Y si me acuesto en todo el centro? ¿Y si no soy de un lado ni del otro, sino de los dos al mismo tiempo?. Sería como si lo mío, no fuera mío y lo de ese otro, siguiera siendo de él pero no por completo. En el silencio de esa orilla, deposito libros, carteras, hasta la gata que se acuesta encima de todo. Deposito objetos. Pero no, no mi cuerpo. Porque esa orilla es de otro cuerpo que seguramente duerme diagonalmente en su cama, rompiendo la geometría de una cama de a dos.

Gorrión

Gorrión, marzo 2013.

Gorrión, marzo 2013.

 

Soltó su destino de la garra predadora

 

Su nueva casa tiene cuatro puntos de fuga

y aún así

se queda inmóvil en la esquina de lo desconocido

 

Mantengo en cautiverio sus heridas

pero

sus alas sin plumas golpeando el techo

me advierten de su muerte

 

Me niego

 

Lo dejo ir

 

El amor es también vuelo roto.

Disección

Caracas, marzo 2013.

Caracas, marzo 2013.

 

Estoy en el peligro de la disección

guardo para mí

lo que asombra del corte

desecho

lo fugaz que no es eternizable

 

la suma de las partes no me lleva al placer

trozos

destejidos

cada uno

una imagen distinta a la cual asirse

 

ver el todo,

terrible preámbulo de la partida

 

Imposible vivir en la resta.